Carlos Rymer

Sustainability, Life, and More…

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Eliminating the Income Tax

The global economic downturn has created the need to spur spending and investments. Despite central banks all around the world lowering interest rates to commercial banks to spur lending, we have not seen the kind of economic recovery that people expected, at least in the developed world. One of the reasons why the recovery has been particularly slow, especially on the jobs front, is because people are still generally cautious about spending and businesses are not investing nearly enough to create new jobs. I’m not a trained economist, but it doesn’t take an experienced one to know what is preventing more jobs from being created in the United States.

The Obama administration should be praised for taking the downturn to a stop. The Stimulus package clearly spurred an increase in productivity and brought job losses to a halt. With another year to go, it is expected that it will continue to at least keep the economy recovering at a reasonable pace. But as we see what’s happening with Obama’s agenda, from health care to climate change to financial reform, we know that people really would like to see a faster economic recovery. The question then would be if a faster economic recovery is possible. In the short-term, probably not. The government can choose to provide more stimulus, especially for local and state governments, but it can’t do anything innovative that can really create a big change in a short period of time.

Nevertheless, the government can secure faster economic growth over the long-term (say the next decade) if it did a few things. Surely, we need health care reform, financial reform, and a tax on carbon to spur innovation in clean energy. But we also need to reform a tax code that prevents jobs from being created and discourages saving and investing. After all, a lack of saving and too much overspending is what caused the economic crisis in the first place. It would therefore be prudent to encourage saving and investing, and discourage overspending to prevent future bubbles and secure steady, long-term economic growth.

So how do we do that? Robert Frank, a Cornell economics professor at the Johnson School, explains why eliminating the income tax would be a good thing. It would spur higher levels of consumer spending as incomes would be higher. This would have the effect of putting more dollars into the economy, which in turn would create more jobs. For those on the upper income brackets, it would lead to an increase in saving and investing as those with more money will have a higher amount left over after total consumption. This, too, would have the effect of creating more jobs.

Now, in a time like this we would like to have higher spending, but for the long-term, when economic growth is stable, it would not necessarily be too good to encourage overspending. This could lead to what we saw with the residential real estate market, where over-lending led to overbuying until the bubble burst. On top of that, eliminating the income tax without creating an additional source of government revenue would balloon the federal deficit, something that would be politically and fiscally unsustainable. So, in place of the income tax, professor Frank suggests implementing a “progressive consumption tax.” The idea here is pretty simple. You get a tax on how much you spend on goods and services annually, and the more you spend, the higher your tax bracket.

A progressive consumption tax would have the effect of increasing revenues for the government, especially from higher spenders. In effect, this would shift the tax burden away from the middle class and into the highest earners. While this may seem a bad thing for very wealthy people, in reality it may turn out to be good for them as well. Here’s why. A higher tax on big spenders would provide an incentive to spend less on luxury (reader: “what?” author: “wait, read on”) and invest more on things that provide actual returns, which would not only create more jobs, but also bring up wealthy people’s productive assets. When the financial markets crashed, a lot of people lost more than what they should’ve lost because they had not invested in productive assets. Instead, they had overspent on luxury, fueling others from lower income brackets to overspend as well and therefore fueling bubbles. So, in the end, it’s better to have an incentive to invest in productive assets than one to overspend on luxury. And this is what a progressive consumption tax would do.

In effect, these tax changes, coupled with new taxes on externalities to get rid of waste and harm, would create new and better jobs, increase federal revenues, lower unnecessary government spending, slash the federal debt and deficits, and create a more competitive environment in which society can prosper. Now, what are the chances of this being considered in the short term? Definitely closer to zero than to one hundred. The upcoming elections, the Obama agenda, and the public’s discontent with government will make something like this unlikely to come up soon, but talking about it consistently to give people an idea of what it would mean could increase its chances of becoming reality in the future.

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El Cambio Climatico Como Oportunidad

_42996689_carlos416Originalmente publicado en BBC Mundo.

Las universidades de EE.UU. son el escenario de una revolución y lo que está en juego es nada menos que el futuro de todos, de nuestro planeta.

En más de 600 universidades, los estudiantes desarrollan campañas, exigiendo que sus escuelas se comprometan a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Si bien el gobierno estadounidense no ha firmado los compromisos internacionales en la materia -como el tratado de Kioto- los jóvenes han decidido que son ellos los que deben mostrar liderazgo.

Carlos Rymer, de 19 años, es estudiante de desarrollo sostenible en la prestigiosa Universidad de Cornell, en Ithaca, en el estado de Nueva York. Nacido en EE.UU. de padres dominicanos, ha sido uno de los líderes de la campaña que llevó a Cornell a comprometerse este año a un programa de reducción de emisiones.

Rymer -quien también tiene una fundación en República Dominicana- dijo a BBC Mundo que es hora de ver el cambio climático como “una oportunidad para transformar la sociedad”.

¿Cuándo comenzó tu lucha por un campus verde en la Universidad de Cornell?

Los impactos del cambio climático ya se estaban intensificando en el 2005. Sabíamos que las universidades de este país debían hacer más para combatir este problema y también para enseñar el liderazgo que las escuelas y los estudiantes quieren que el gobierno tenga.

Hay una organización llamada Kyoto Now (Kioto ahora) . Me involucré con esa organización, fundada en el 2001 y comenzamos una campaña, Beyond Kyoto (Más allá de Kioto) porque sabíamos que la universidad iba a llegar a la meta de Kioto, que era reducir sus emisiones un 10% para el 2012, en relación a los niveles de 1990.

Empezamos la campaña y lo que queríamos era que la universidad se comprometiera a reducir sus emisiones a cero. Comenzamos a recolectar peticiones, a hablar a la gente, a trabajar con la prensa, y en noviembre del año pasado tuvimos una conferencia con estudiantes de universidades del Ivy League -un grupo de escuelas aquí en EE.UU. prestigiosas- y decidimos que íbamos a trabajar para que el Ivy League se comprometiera a reducir las emisiones a 0 para el 2008.

¿Cual es la situación actualmente en tu universidad, Cornell?

Cornell se ha comprometido a reducir emisiones a 0, pero no tiene una fecha todavía.

Mencionaste 2005 como un año en que se sintieron claramente los efectos del cambio climático. ¿Qué sucedió?

En el 2005, en el verano especialmente, en EE.UU, hubo unos cuantos huracanes que fueron muy fuertes, pero en la región donde yo vivo, en Nueva Jersey, en el noreste de EE.UU., había una sequía muy grande. Durante una semana estuve en una caminata por una cordillera de montaña y no había agua en ningún arroyo, en ningún río, todos los arroyos estaban secos y no teníamos agua. Eso es algo que nunca habíamos visto, y eso me hizo ver de un modo claro que esto es algo muy grande.

La temperatura ha aumentado nada más 0,8 grado centígrado en los últimos 40 años y va a incrementarse por lo menos 0,6 más. No me imagino como puede ser eso, será algo que va a impactar el planeta muy fuertemente.

Y luego tuvimos el huracán Katrina, y Rita y los otros huracanes, que hicieron mucho daño en Louisiana y en Texas, y eso me convenció de que debemos comprometernos a reducir completamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Ustedes hablan de reducir a cero, o impacto neto 0, como un sinónimo de ser carbon neutral, o neutral en las emisiones de carbono, ¿qué quiere decir esto exactamente?

Entiendo que sería más difícil para un país, porque es difícil cambiar el transporte, cancelar por ejemplo las plantas térmicas a carbón, pero en el campus nosotros podemos hacer el cambio a energía limpia, porque nosotros la compramos de una compañía que vende la electricidad.

También tenemos recursos locales y podemos instalar molinos de viento. En el pasado la universidad de Cornell ya tenía un plan para instalar cuatro molinos de viento que le darían 20% de electricidad al campus, pero lo tuvieron que cancelar porque había unas cuantas personas opuestas en la comunidad.

Ahora que la universidad ha firmado el compromiso, tenemos dos lugares que estamos mirando para desarrollar molinos de viento.

¿Pero cómo logran esa neutralidad o impacto cero?,¿Toman otras medidas como plantar árboles, que se usan como un crédito positivo a la hora de calcular el impacto que tienen en el medio ambiente?

En electricidad, queremos que sea todo energía limpia, pero con los vehículos sería algo más difícil, o con el traslado de profesores que viajan a otros lugares. Entonces vamos a comprar lo que se llama carbon offsets, o sea, alguna compañía en otra parte del país o del mundo hace alguna actividad que previene o reduce las emisiones de gases de efecto invernadero. Y entonces es como un crédito que compramos, tenemos el título de esas emisiones que fueron reducidas y lo usamos para decir que nosotros reducimos las emisiones que no pudimos prevenir en el campus.

¿Cuándo se verán en la realidad los cambios en el campus?

Bajo el compromiso tenemos dos años para desarrollar un plan y poner una fecha, pero ya el presidente de la universidad se comprometió a que el plan sea desarrollado en el año académico que viene.

Quizás en mayo del 2008 ya tengamos un plan y tengamos ya que comenzar a reducir las emisiones. Y nosotros los estudiantes vamos a trabajar para que la fecha sea lo más pronto posible. Los molinos de viento, por ejemplo, tardarían dos años en instalarse y son proyectos que le ahorrarían a la escuela mucho dinero.

Pero ya estamos viendo unos cuantos efectos del compromiso, por ejemplo, ya que la universidad se comprometió a que todos los edificios que sean diseñados de ahora en adelante tienen que ser verdes, o sea, eficientes en el uso de energía, usar materiales reciclados, la energía del sol.

Tenemos entendido que el documental de Al Gore jugó un papel fundamental en estimular el interés de los estudiantes en actuar ante el cambio climático.

El video de Al Gore fue increíble, cada vez que lo enseñábamos en el campus venía mucha gente a verlo y cuando salíamos a recolectar firmas para las peticiones nos decían, “yo vi la película de Al Gore y estoy convencido de que tenemos que hacer algo”.

Esa película hizo despertar a todo el mundo.

El gobierno de EE.UU. no ha ratificado Kioto. ¿¿Piensan entonces ustedes que deben asumir la responsabilidad ya que el gobierno no lo hace? ¿Cómo ven su papel?

Yo creo que el movimiento de los jóvenes sobre el cambio climático es el que en verdad esta enseñando lo que se debe hacer. Más de 600 universidades en el país tienen campañas para hacer que sus campuses sean carbon neutral y más de 250 escuelas ya se han comprometido.

No sólo eso. Estamos organizando marchas, yo organicé una en Nueva Jersey y habrá otras en Iowa y New Hampshire en el verano. También nos reunimos líderes y decidimos que en las elecciones del 2008 nosotros vamos a hacer que los candidatos hagan este tema una prioridad en su campaña.

Ya le hemos preguntado a casi todos los candidatos cuál es su plan para el 2008 para reducir las emisiones.

La administración de ahora no quiere hacer nada sobre este tema, el movimiento en verdad está en los jóvenes, nosotros somos los que estamos aplicando las soluciones que se deben de aplicar.

¿Cómo has llevado estas ideas a Republica Dominicana?

Yo viví en Republica Dominicana durante siete años, mi papá vive allá y conozco a muchas personas, entonces en enero pasado yo estaba allá y establecimos “Romana Sostenible”, hay unos cuantos profesores, también me ayudaron personas de mi familia.

Lo que tenemos planeado hacer es avanzar el desarrollo sostenible del país y ahora mismo estamos trabajando en un proyecto de energía eólica. Ya el país pasó una ley para impulsar el desarrollo de fuentes de energía renovable.

Nosotros tenemos una propuesta que vamos a presentar en el verano, para que pasen otra ley diciendo que la energía renovable debe abastecer el 50% por lo menos de la energía primaria para el 2020.

Es algo que sería económico y bueno para el medio ambiente de este país, y es algo que sería muy posible con la caída de los precios que estamos viendo de las energías renovables.

Nuestra misión es promover el desarrollo sostenible. También estamos haciendo agricultura sostenible y sostenibilidad urbana y vamos a trabajar con educación sobre desarrollo sostenible en las escuelas secundarias.

En países de América Latina muchos estudiantes pueden pensar que tal vez hay otros problemas más urgentes, como la falta de recursos, falta de trabajo, universidades de paro. ¿Qué les dirías a otros jóvenes en cuanto a la necesidad de liderazgo y la urgencia de hacer algo?

Esto se conecta a algo en lo que estoy trabajando. Estamos comenzando una organización aquí en Nueva Jersey y lo que queremos hacer es cambiar cómo la gente mira al tema de cambio climático, queremos que se pueda mirar el tema como una oportunidad de transformar la sociedad.

Lo que estamos haciendo es poner al cambio climático como el síntoma más grande de todos los problemas que tiene nuestro sistema económico y nuestro sistema político ahora mismo mundialmente.

Estamos diciendo que lo que debemos cambiar en realidad es cómo se desarrolla la política y cuál es la estructura del mercado y estamos usando el cambio climático como un tema que está conectado a todos los otros problemas, como la pobreza, la agricultura, la salud.

Muchos de los temas que la gente tiene como su primer interés están conectados al cambio climático, y podemos usar el cambio climático como evidencia de que debemos transformar la sociedad, porque eso es en realidad lo que necesitamos. Si lo ponemos de esa forma, creo que podemos atraer a muchas más personas, atraerlas a promover algo que puede transformar nuestra sociedad.

Creo que los jóvenes en Latinoamérica deben hacer la conexión entre cambio climático y los otros problemas en los cuales ellos están trabajando, ver que hay una conexión y si pueden promover soluciones en una manera diríamos más visionaria, que sea más transformativa de la sociedad, sería mejor no solo para el tema que están trabajando, sino para todos los problemas que la sociedad tiene en estos momentos.

Imagino una estudiante de economía en Uruguay, de ingeniería en Colombia, de sociología en Perú…¿que tipo de transformaciones podrían estos estudiantes conectar con el cambio climático?

Si miramos el cambio climático desde el punto de vista económico, mencionando las alternativas que hay para usar energía por ejemplo -y en Latinoamérica muchos países son dependientes de importar petróleo- si lo miramos desde el punto de vista económico, sería más barato usar fuentes de energía renovables como la energía eólica. También crearía mucho trabajo.

Otro ejemplo. En la agricultura, el cambio climático está creando mucho estrés por los cambios de precipitación y temperatura. Si miramos al tema de forma de tratar de adaptarse y hacer una agricultura más sostenible, por ejemplo no usar tantos fertilizantes que requieren hidrocarburos para ser producidos, o prácticas que prevengan emisiones de metano, es mucho mejor hacer la conexión.

Seguramente, muchas de las medidas que recomiendan para el campus, podrían aplicarse a la oficina donde uno trabaja. Los que no están en la universidad, ¿qué pueden hacer en su lugar de trabajo?

El lugar de trabajo es otra oportunidad, si pueden hablar con los que toman las decisiones para ver qué se puede hacer para reducir el impacto, pero también pueden hacer cosas más pequeñas como promover el cambio de los bombillos incandescentes o cambios de los productos, como material y papel reciclado y usar menos materiales, por ejemplo, en empaque.

Si algún estudiante quiere contactarte, ¿a dónde puede escribirte?

Hay dos organizaciones muy buenas, The Association for the Advancement of Sustainability in Higher Education (Asociación para el Avance de la Sostenibilidad en la Educación Superior) http://www.aashe.org, ahí en donde dice contáctenos está la dirección de correo, ellos tienen muchos recursos.

La otra es la organización que se llama Energy Action, la que está encargada del Campus Climate Challenge (Desafío Climático del Campus) y la página es http://www.campusclimatechallenge.org

Yo trabajo con esas dos organizaciones, pero también siempre me pueden escribir a mí. La dirección es cmr55@cornell.edu.

Sustainability Must Start With the Obvious

MannRoofOriginally published in the Cornell Daily Sun.

It is now approximately one year since President Skorton signed the American College and University Presidents Climate Commitment, setting Cornell on the path towards climate neutrality. KyotoNOW!’s Beyond Kyoto Campaign showed that there exists widespread support for such a target on campus. Since then, the student group has been looked upon with admiration by the youth climate movement and many organizations on campus. But since then, an entire year has passed. So it is about time that we ask ourselves what we have done in the last year about this commitment and, more broadly, sustainability. Well, let’s think about it.

Shortly after the signing of the Presidents Climate Commitment, an Implementation Committee was formed to draft a comprehensive plan (due in exactly one year) to reach climate neutrality in the Ithaca, N.Y. campus. In addition, an ad-hoc faculty committee was formed voluntarily to begin looking for ideas on what to do to cut carbon dioxide emissions. Lots of ideas have been proposed, including a rapid transit system promoted by the local group Connect Ithaca, wind turbines on nearby hills (Enfield, Town of Caroline and Mt. Pleasant), increased energy efficiency, a big red bikes program, biodiesel production from dining locations,and methane biodigestors. We don’t know yet what the Implementation Committee is doing, but we’re set to find out soon when President Skorton addresses the campus today at 11:30 a.m. in the Duffield Atrium, where the first anniversary of the Presidents Climate Commitment will be celebrated.

In addition to all this administrative work, there has been a great buzz around campus about the Presidents Climate Commitment. In fact, every time a campus publication mentions sustainability, the commitment is brought up as the most aggressive move yet. It is now typical to confuse sustainability with climate neutrality, since global warming has become such a huge threat and people are getting that in their heads. Yet climate neutrality is something to be achieved over one or a few decades; it’s something that, right now, is all about words. In effect, this constant talking about Cornell’s commitment to climate neutrality has masked the obvious about sustainability.

First of all, sustainability is not just about global warming and energy. Energy is probably the biggest item on the list because of how threatening global warming is, but it certainly is just one item. And sure, reducing greenhouse gas emissions on campus will change lots of things we do and therefore make us more sustainable, but we are already forgetting to do what others have done already. For example, people love to say that they recycle, even though they’ve no clue what the real impact of their recycling is. When asked what they do to “protect the environment,” recycling and using compact fluorescent light bulbs stick out right away. Yet have students noticed that most of our buildings don’t have an adequate amount of recycling bins? Have they noticed that lots of lights are left turned on without the need during the day? Do they feel as though we are really doing something?

Now, let us be clear. There are student organizations on campus that have proposed all kinds of ideas, the little things that add up to really make a huge difference that students can see right on campus. Most recently, for example, the Sustainability Hub wrote a proposal for Farm Services to collect about 6,000 gallons of waste vegetable oil from dining locations and produce biodiesel with it right on campus. Being something Farm Services is already experimenting with, the proposal was approved. Yet how many proposals that request little changes have been rejected?

On review, we find that administrative resistance has blocked recycling bins from being in every other corner of every building, biodegradable plates, cups and silverware from replacing the conventional ones in every dining location, big red bikes from being offered to students for campus use and a clean energy fee from being charged to students even though they support it. In a majority of cases, it isn’t necessarily that the folks who make the decisions are resistant. In fact, they usually are supportive. It’s just that it seems like something they don’t want to deal with, as if it’s not important enough to take time and resources to do.

So, today, President Skorton is set to mention many of the efforts going on around the Presidents’ Climate Commitment. Rumors say this will include an announcement that every new building be LEED Silver Certified, an update on a plan to build a methane biodigestor and an overview of the new combined heat and power plant that will take campus carbon dioxide emissions 30 percent below 1990 levels within a year or so. Honestly, this is all great. The sustainability community is really impressed by what Cornell is doing. But, seriously, we need to not only do the big things that generate a buzz and look great for press. We need to do all the little things as well, including educating our students and staff about what sustainability really means! The S word is not just about being “green.” Take a course on something that really delves into it and you find that social justice is hugely attached, and that leaving a modified economics out is like ensuring it will never work.

We obviously want to compete with other schools. We want to stand out as an institution that is doing big things: Lake Source Cooling, Combined Heat and Power and the likes. But we also have to make sure that when an outsider visits us, they can see that we are for real, that we took care of the easiest and cheapest things before we moved on to the big things. And in this case, it’s not about the impact we make necessarily, but about the culture we help build right here on campus. The big things are hugely important, but they don’t build culture. They’re huge projects the community can’t get involved with. The little and easy things, though, help create a culture of just sustainability, one that has a meaning very different from “green” and “PCC.” We hope that the first anniversary of the Presidents Climate Commitment will be marked by this recognition, and that the second year of the commitment will be about both planning and doing.

Carlos Rymer, president of the Sustainability Hub and vice president of KyotoNoW!, can be contacted at cmr55@cornell.edu. Mollie Futterman, a member of the Sustainability Hub, can be contacted at mbf63@cornell.edu. Guest Room appears periodically.

Are You Connected?

prtOriginally published in the Cornell Daily Sun.

Got wireless? Got iPod? Got JPods? You may be wondering, “What’s a JPod?” Well, in the age of information and the high-techs, most people feel like they’re fully connected to the world. Cellphones and the Internet have virtually “connected” you to the rest of the world, but what about your physical connection? There’s a new mode of transportation coming to America and it’s called PRT, or personal rapid transit. It promises to make transit amazingly reliable, convenient and sexy. Are you interested yet?

PRT is an overhead rail that is completely automated, taking passengers from one location to a destination without even having to deal with stop lights or congestion! You go to a station, hop into a capsule (no medicine here) that will be waiting for you and select where you want to go. This system has been extensively researched and developed since the 1980’s, especially in Europe, and it is now ready to make mobility green, cheap and easy. Hop into our capsule, we’ll explain.

Today, there are many companies ready to deploy this technology, from solar-powered JPods to jet-like SkyTrans. The capsules in these systems are created with extremely lightweight materials, making them cheaper to build and power. New Jersey has conducted a comprehensive study detailing the benefits of PRT. Not only did it conclude that it is the most efficient way to move people, but it also pointed out that it was very cost-effective (only about $40 million per mile).

In comparison, heavy rail, light rail, metro, buses and airports cost anywhere between $60 million and $200 million per mile (excluding high operating costs). Finally, PRT is the fastest of all options, consumes the least energy and is totally automated (resulting in low operating costs). The best part is that it isn’t susceptible to weather, traffic or peak hours!

Currently, the main form of transportation in America is the personal car. It’s also becoming the norm in most developing countries. Unfortunately, the car is the worst mode of transportation we have today. Not only are cars contributing to the astronomical oil price of $89 per barrel, they are killing our cities with pollution and congestion. Studies have estimated that the U.S. loses more than $200 billion per year due to congestion alone, and the health costs due to pollution are also sky-high.

In addition, cars create sprawl. Sprawl, while having many supporters, has huge socioeconomic and environmental consequences. Studies have concluded that sprawl increases transportation costs for people and the government, contributes to increasing depression due to isolation and destroys land that could have been used for other purposes. Hold on, we’re almost there.

How is this coming to Ithaca? Well, there is a local group made up of residents, city planners and students called Connect Ithaca. The group is working to connect downtown Ithaca with Cornell and other surrounding locations through this integrated PRT network. Last month, a representative of the group participated in an international PRT conference in Sweden, where the City of Ithaca was spotlighted.

As a result, PRT companies are coming to Ithaca to begin a dialogue with the city government, Cornell and Ithaca College. The best part is that they’re not just coming with words; they’re also coming with the green to back it up. They are so interested in getting this started that they are willing to pay all the upfront costs for the network in Ithaca as a pilot program that will show the rest of the country the economic, environmental and social benefits of this system. Want to go to the next stop?

As you may have heard, Cornell signed on to the Presidents Climate Commitment, committing the campus to eliminating its contribution to global warming. While hybrids and biofuels may sound “green,” they won’t do the job. They also won’t address the fact that we’re using too much land for cars when we can be using it instead for people. Last month, Mayor Carolyn K. Peterson met with Connect Ithaca and expressed interest in working with Cornell and Ithaca College to explore the opportunity of bringing a PRT network to Ithaca in the coming years.

With our commitment to climate neutrality, improving transportation for the Cornell community and giving back to the City of Ithaca, we must now agree to look into this possibility. We have the chance to make the campus more pedestrian-friendly, reduce transportation costs and improve our environment. Moreover, we can become a model to the nation. It was nice having you along for the ride in our PRT capsule. Are you ready to get connected?

Carlos Rymer ’08 is a member of Connect Ithaca. He can be contacted atcmr55@cornell.edu. Gregory Falco ’10 is a member of Connect Ithaca. He can be contacted at gjf24@cornell.edu. Guest Room appears periodically.

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